martes, 25 de noviembre de 2008

No me cambio por nadie

Yo soy de los que dicen, que el trabajo que uno realiza, tiene que estar acorde con sus gustos personales. Si no lo está, puede surgir que vayas a disgusto a tu puesto de trabajo y, lo que es peor, no des lo mejor de ti. Por suerte, yo disfruto con lo que hago. Cada día que salgo de casa al trabajo, voy como si fuera el primer día. Lo sé, puedo dar envidia, pero no me importa gritarlo a los cuatro vientos. ¿Y a qué me dedico para ir tan contento? Soy profe de educación infantil.

Todo el mundo me dice que lo mejor de ser profe es, en este orden de importancia: las vacaciones (no lo voy a negar) y el sueldo (tampoco lo voy a negar). Pero para mí esto no es lo más importe. Yo no cambio ni todo el dinero del mundo por ver a primera hora de la mañana, como mis alumnos entran en clase y lo primero que hacen es darte los buenos días con un beso y un abrazo. O verlos a todos sentados y con los ojos como platos, cuando les enseñas por ejemplo, que si juntas azul con amarillo, sale verde. O cuando te inventas historias para cada una de las letras del abecedario, o cuando hago el tonto con ellos y me tiro por la alfombra como una más. Debo reconocer que a veces soy peor que ellos, pero creo que es parte de mi trabajo. También son una terapia para los días que tienes de bajón. Solo con oírlos reír, ya se te olvida el mal rollo y te pones de mejor humor. ¡Qué queréis que os diga, soy muy afortunado!

Pero no todo es color de rosa. Hay veces que te encuentras con dramas familiares que te hacen poner los pies en la tierra. Divorcios, custodias compartidas, familias desestructuradas, enfermedades de familiares cercanos, muertes de uno de los padres. Ahí te das cuenta que los niños, por mucho que se diga de que no se enteran de lo que pasa a su alrededor, no es cierto. Cada uno lo expresa como puede o como sabe: mal comportamiento, agresión verbal o física con los compañeros, vocabulario soez, negarse a trabajar… Es en ese momento, cuando en contra natura, tienes que tratarlos como personas adultas y hacerles ver, que no están solos y que hay cosas en la vida que, aunque no tengan solución, tienen alternativas.

Aún así, compensa muchísimo. Lo mejor de todo esto son las miles de anécdotas que tengo con ellos. A cada cual más divertida y, que en las reuniones con mis amigos saco a relucir, sin dar nombres por supuesto, para disfrute del personal. Aquí os dejo unas cuantas. Disfrutarlas.

1) ‘- ¿Quién me puede explicar que es un primo?- pregunto un día.
- Es el hijo que tiene mi tío- me dice ………
- Muy bien…….. ¿y quién tiene primos?- vuelvo a preguntar.
Unos cuantos me responden. En esto ……… levanta la mano y le digo.
- A ver, …………., ¿tú cuantos primos tienes?
- Profe, no tengo primos, ¿sabes por qué?
- ¿Por qué? – le digo intrigado.
- Pues no tengo primos porque no me dejan tenerlos.’

2) Un día estábamos hablando de las cosas que llevan los hombres y las mujeres cuando se visten. Cuando le toco el turno a las mujeres, sale en escena el bolso. Pregunto a los niños, si alguna vez han mirado dentro del bolso de mami para ver que llevaban. Este es un extracto de la conversación:
- La cartera con el dinero- dice uno
- Las llaves de casa y del coche- me dice una niña
- Maquillaje y un espejo para pintarse en el coche- me responde un niño
- Mi madre lleva caramelos para cuando me comporto bien- dice una niña
- Ja, pues la mía lleva gominolas.

En este momento, cada uno iba diciendo una golosina que era mejor que la anterior. De pronto ………. dice:
- Pues mi mamá lleva helados en el bolso- con lo que todos los niños se quedan en silencio. Entonces …… le dice:
- Eso es imposible, tú mamá no puede llevar helados en el bolso, porque se derretirían y mancharía todas las cosas. ¿A que si profe?- me dice mientras todos me miran para dar una respuesta que echara por tierra el comentario de su compañero. Pero antes de que pudiera decir algo ……….. les dice todo serio:
- ¡Es verdad! Lo que pasa que mi madre es lista, y para que no se le derritan pone hielo dentro del bolso.
- Ahhhhhhhhh, es verdad- dicen al unísono todos mis alumnos mientras yo me doy la vuelta y me pongo a reír por lo bajo.

3) Un día en el recreo me llega ………. andando despacio y con la palma de mano abierta.
- Profe, se me acaba de caer un diente- me dice …………
- ¡Ohh, que suerte! Ahora lo llevas a casa y lo pones debajo de la almohada, para que el Ratoncito Pérez te traiga un regalo.- le digo
- Creo que eso no va a ser posible, profe.- me dice mirándome a los ojos.
- ¿Por qué?- le pregunto con curiosidad.
- Porque el otro día le cayó uno a mi hermano mayor, y de noche mi madre empezó a gritar que había un ratón en la cocina y papi fue con una escoba y lo mató. Y yo creo que era el RatoncitoPérez porque a mi hermano no le dejaron nada debajo de la almohada.

Yo no pude evitar reírme una vez que se fue con el diente guardado en un sobre de colores.

- Cita del día: ‘Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad’ Dicho popular.
Puedo aseguraros que esto es muy cierto.

- Tema del día: Serrat ‘Esos locos bajitos’ Directo (1984)
A todos mis antiguos, presentes y futuros alumnos.
¡No sabéis lo feliz que me hacéis!

5 comentarios:

Sr_Skyzos dijo...

Eres afortunado. Y que no te digan lo contrario.

Sami, pagando el precio... dijo...

Que tierno tu punto de vista sobre tu oficio. Los niños se expresan de una forma preciosa. Normalmente te dejan perplejos. Lastima que muchas veces en su inocencia, no saben sus derechos y los mayores los dañamos.

A mi también me han encantado siempre los niños, por eso quizás tuve mi primer hija con tan solo 14 años. Si fue una locura ser madre tan joven, aun así no me arrepiento. Mis hijos son indudablemente lo mejor que he hecho. Ahora soy además abuela de una nenita de 7 meses, que me tiene totalmente embobada.

Que gusto saber que alguien como tu esta educando a tantos hombres y mujeres del mañana.

Te dejo un abrazo de osa

estela dijo...

Me ha fascinado tu escrito, está lleno de ternura, como se nota que tu profesión es totalmente vocacional. Yo tengo dos niñas y, la verdad, tengo que felicitarte, porque el tuyo es un trabajo durísimo.Ojalá todos los profes fueran como tú.
Un saludo.

Anónimo (Soy así de cobarde) dijo...

Gracias a todos. Debo confesar que no me quejo, y lo que pido todos los días es que me quede como estoy. No puedo ser más feliz.
Gracias una vez mas.

Ignacio Bermejo dijo...

¿Sabes? Yo vivo en Cádiz, y vivir aquí implica tener que trabajar donde se pueda, no donde se quiera. Es una desgracia, pero comer hay que comer.

Un abrazo.