Día en el que nos hacemos los propósitos del nuevo año.
Sí. Esos propósitos que nunca se cumplen y quedan olvidados en el cajón hasta 365 días después.
Momento en el que, como cantaban Mecano, se hace balance de lo bueno y lo malo.
Día en el que nos ponemos trascendentales y deseamos a todos las mayores energías para un nuevo ciclo.
Fin de un año. Y fin de una década.
En esta última entrada de año me prometí no caer en lo habitual pero me es imposible. Es como que hay una fuerza superior que te empuja a teclear lo mismo de todos lo años (este es el momento trascendental). Aún así, no quiero dejar escapar este año sin poner aquí los tres mejores momentos que me han ocurrido este año (momento balance). Y digo sólo las mejores, porque momentos malos no he tenido muchos, gracias a Diosa, y los que he tenido no me sale del monguer (Mery dixit, ¡te queiro darling!).
Esos tres momentos son:
1º: ser de los afortunados que sigue manteniendo su trabajo en estos tiempos tan jodidos y poder decir que en tema salud, la cosa ha ido fenomenal.
2º: haber hecho el Camino de Santiago este verano solo y a la aventura. Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, ya no sólo (con acento y que se joda la R.A.E.) por tener un momento a solas conmigo y conocer paisajes y lugares del norte de España y Galicia que si no se hacen así no se conocen, sino por haber conocido a 12 personas que estábamos destinadas a encontrarnos y con los que pasé 12 días de lo más maravilloso. Gracias chicos, ¡os quiero! y nos vemos en el camino o donde sea, ya sea Murcia, Toledo, Alicante, Valencia o Pamplona.
Como dice un amigo: "No hay nada mejor que tener amigos por todas partes para tener alojamiento pagado en vacaciones"
3º: la última locura y las más valiente (según algunos amigos) ocurrió en un fin de semana de marzo en Madrid. Cuatro blogueros que no nos conocíamos de nada, salvo por leernos en estas páginas virtuales, nos veíamos después de plantearlo como un juego. Y lo que empezó como un juego acabó siendo realidad y nos vimos en la capital. Al principio tuve un poco de recelo al ir, pero una vez allí la magia surgió. Creo que los cuatro recordaremos por mucho tiempo ese fin de semana y que lo reviviremos la próxima vez que nos veamos. Porque sé que habrán más encuentros. A los 3, deciros que os quiero.
Pues nada. Este ha sido mi año resumido en cuatro palabras.
Al resto de familia virtual que entra en este humilde manicomio a leer las cosas que cuento y que me pasan (otro momento trascendental), daros las gracias y desearos un buen 2011 y que este año venga cargadito de magia y de ilusión para repartirla por estos 365 nuevos días que nos trae el dios Cronos.
¡Salud y alegría!
Os quiero.
Y no puedo irme sin caer en otro clásico musical.




